PÉRDONATE, ESO ES TODO. Por Gema Sánchez Cuevas

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Perdónate. Sé lo suficientemente valiente como para ser compasivo contigo mismo. Deja de criticarte, de echarte la culpa, de pensar en qué hubiera pasado si hubieses actuado de otra manera… ¿Por qué te maltratas tanto?

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¿De verdad piensas que tratándote así vas a adelantar algo? ¿Crees que castigarte es la solución a tus errores? Un error tan solo es una manera fallida de intentar algo, pero no el motivo de hundimiento de quien lo comete. Perdónate.

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No hace falta que te odies, que te grites desde tu interior, que te atribuyas todos los calificativos más negativos que encuentres… Ni siquiera que aquello que hiciste y que no estuvo acertado se convierta ahora en la mayor parte de tu identidad. ¿Cómo eres capaz de reducir todo lo que eres a un error? ¿Por qué enmascaras tus valores, tus virtudes, tus genialidades? Perdónate.

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Entiendo que no querías que pasara así, que no fue esa tu intención, pero no que a partir de ese momento te escondieses en la profunda cueva del autodesprecio. Déjame contarte algo. No quiero convencerte, simplemente te invito a la reflexión. Luego, tú decides.

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Equivocarse es humano

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Equivocarse es humano. Así es. Errar es algo común, sobre todo si queremos evolucionar. No solo tú lo haces, sino todo el mundo. Algunos cada día, otros de vez en cuando… Elegimos tantas veces en una vida que es imposible identificar siempre la mejor opción. Incluso, como decía William James, cuando debemos hacer una elección y no la hacemos, eso ya es una elección y como tal, existe probabilidad de equivocarnos.

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Como ves, no has hecho nada que otras personas no hayamos hecho. Más bien es la norma, antes que la excepción. Aunque tú te empeñes en pensar todo lo contrario. Un error es una invitación a descubrir otro camino, otra forma de hacer las cosas. Un trampolín directo a mejorar. No es el agujero en el que caer para no salir más, para quedar atrapados y abandonar. Tampoco es el motivo para fustigarte, para ser al mismo tiempo tu juez y verdugo.

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Ahora bien, hay errores y errores. Todo hay que decirlo. Están aquellos que se hacen sin intención y esos otros que conllevan una ofensa y humillación intencionada hacia segundas personas. Estos son mucho más complejos y demandan un trato más especial, sobre todo si se repiten en el tiempo.

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Quizás son avisos de orgullo, resentimiento o inmadurez emocional. En todo caso, cuando el control sobre ellos se ha perdido, lo mejor es acudir a un profesional. Pero no he venido aquí a hablar de estos últimos, sino de los primeros. De esos que cometemos más a menudo y que se convierten en nuestras cadenas…

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No te conviertas en tu peor enemigo

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Quizás no te hayas dado cuenta todavía, pero a partir de tu error poco a poco te has ido convirtiendo en tu peor enemigo. El primer día te lamentaste y pensaste qué tonto habías sido, pero luego lo único que has hecho es lanzarte palabras envenenadas. Te has declarado la guerra.

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Has caído en la autocrítica más voraz y despiadada… hasta llegar al más profundo desprecio. Y todo esto en silencio. Sí, mientras hacías tu día a día, mientras ibas de un lado para otro, en la ducha, en la cama… Sin darte cuenta, te has catalogado como monstruo y aunque por fuera casi nadie lo perciba, tu interior se ha ido rompiendo.

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Quizás sí que estés dejando algunas pistas, como por ejemplo estar a la defensiva o más apagado de lo normal. También puede que hayas limitado un poco más tu vida. Ya no quieres hacer ciertas cosas o en ocasiones, has dejado de hablar con los demás. La cuestión es que el acto de cometer un error ha invadido por completo tu vida y te ha desorientado.

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La duda, la preocupación excesiva, la comparación, la culpa y la crítica son ahora tus mejores amigos. Parece que no sabes hacer nada sin ellos, y si no aparecen, sales en su busca. Has quedado atrapado en el malestar.

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Perdónate para avanzar

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¿Sigues pensando que has afrontado tu error de la mejor manera posible? ¿Crees que convertirte en tu enemigo es el precio adecuado por haberte confundido? Déjame decirte que no. Eres mucho más que la colección de todos tus errores. 

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Perdonar es aprender a dejar ir para reinventarte.
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Perdónate. Es el único camino para romper con todo lo que has construido hasta ahora. La mejor vía para romper las cadenas que te atrapan, así poder avanzar. Pero no lo hagas porque toca o porque lo estás leyendo ahora mismo, sino porque realmente lo sientes así.

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Lo hecho, hecho está. No puedes cambiarlo. No tienes el poder de viajar hacia el pasado para modificar lo que sucedió, pero sí la valentía suficiente para enmendar ese error buscando otras alternativas. Esto no quiere decir que lo ignores, sino que tienes el valor suficiente para responsabilizarte de ello.

Mírate al espejo y reconcíliate contigo. Pídete perdón. Hazlo de verdad, desde lo más profundo de tu corazón. Date otra oportunidad. Porque no hay nada que nos enseñe más que una equivocación. Si la elegimos de maestra y no de compañera, claro.

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Por Gema Sánchez Cuevas

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Fuente. La Mente es Maravillosa

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