NO TE ENFADES CUANDO PRETENDAN ENFADARTE

En mi opinión, no reaccionamos del mejor modo cuando alguien pretende enfadarnos mediante un insulto, un desplante, un menosprecio, o cualquiera de esas cosas con las que otro puede herir A NUESTRO EGO, y en lugar de hacer caso a ese sabio consejo de no tomarse las cosas como algo personal, estallamos y nos alteramos violentamente y respondemos con otra ofensa superior o, en algunos casos, con violencia física.

Cuando otro pretende enfadarnos queda clara su intención agresiva, y es muy posible que aplique toda su mala intención para hacernos daño; es casi seguro que inventará algo que sabe o sospecha que nos va a molestar, y también es posible que no esté seguro de lo que afirma y que solamente lo diga con el objetivo claro de hacernos daño.

Y si tenemos claro que con su provocación quiere enfadarnos y nos enfadamos… estamos colaborando con él para que consiga su objetivo. ¡Y esto es absurdo!

Cuando nos dicen algo que parece un insulto, en contra del impulso reactivo que nos incita al ataque, puede ser más productivo contar hasta diez, o hasta cien, reflexionar con objetividad, comprender la intención del otro, y hasta analizar exactamente lo que nos ha dicho.

Pondré un ejemplo suavecito. “Eres un sinvergüenza”, nos han dicho. Si uno se conoce a sí mismo y sabe con seguridad que no es un sinvergüenza, no debería sentirse afectado. Está claro que el otro no nos conoce y se ha equivocado con lo que nos dice. Además, también queda clara su intención de perjudicar lo cual desautoriza cualquier cosas que diga. Si es mentira… ¿para qué enojarse por algo que no es cierto? Si es verdad, pues es verdad y no hay que enfadarse porque alguien diga algo que es verdad.

El colmo de lo bien hecho –aunque resulta poco menos que imposible dada la situación desagradable que se crea al escuchar algo que se nos dice con intención ofensiva- es no contestar desde el ego orgulloso que se siente herido, sino desde el Ser Humano, para hacerle saber que “lo que has dicho acerca de mí no es cierto. No me conoces bien y eso que has dicho es un juicio desacertado sobre mí y no tienes razón. Se nota tu agresividad y tu mala intención, pero como no tiene valor para mí lo que me has dicho no lo tendré en cuenta y no me va a afectar. No tiene nada que ver conmigo”. Sí, lo sé, es ciencia ficción pura. Cuando uno se siente insultado la sangre se sube a la cabeza y se produce una ofuscación que no deja lugar a la cordura ni a la reflexión serena.

La reacción inmediata es contestar en un tono más elevado o incluso la agresión física, pero hay que evitar las reacciones siempre que se pueda. La reacción es una respuesta programada para cada acción; no siempre es adecuado reaccionar y es mejor tomar una decisión reflexiva y actuar de acuerdo con ella. Es inconsciente y automática y se supone que somos dueños de nuestros actos, así que es mejor aplicar la respuesta adecuada a cada caso y no la misma respuesta en forma de reacción sin control.

Repito: si tenemos claro que con su provocación quiere enfadarnos y nos enfadamos… estamos colaborando con él para que consiga su objetivo. ¡Y esto es absurdo!

Después de leer lo anterior será bueno que decidas entre seguir como hasta ahora –si crees que es lo adecuado- o si te parece conveniente revisar qué es lo que vas a hacer la próxima vez que te sientas agredido.

Esta es una decisión tuya personal.

Te dejo con tus reflexiones…

Francisco de Sales

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