LA MAYOR PÉRDIDA ES SI ME PIERDO A MÍ

En mi opinión, nos estamos acostumbrando a vivir fuera de nosotros, a darle más importancia a lo que nos pasa que a nosotros mismos, a cumplir lo que se espera de nosotros en vez de cumplir lo que esperamos de nosotros mismos.

Nos estamos relegando a un segundo plano. Y no me refiero a ninguno de los muchos personajes que todos representamos, no me refiero a ese que mostramos, al que se mueve por el mundo, sino que me refiero al que realmente somos, al que habita en el interior y casi en secreto.

Me refiero a ese que es conciencia, que es presencia insonora, que es el silencio, que es alma y que se encuentra sólo en los momentos de introspección.

Más allá de las ambiciones externas, de los caprichos y deseos de nuestro ego, aunque menos aparente pero más satisfactorio, está el que es cada uno.

Y aunque ese es el objetivo primordial de esta vida, en numerosas ocasiones es pospuesto, y hasta ninguneado, porque sólo se le presta atención cuando hace ruido, cuando un puntazo en el alma nos pone alerta sacándonos de la rutina y de su desatención. Parece que tiene que pasarnos algo grave para que tomemos conciencia de nosotros mismos.

Esto es muy importante tenerlo claro: si no sabemos quiénes somos realmente, si no tenemos claro el sentido de nuestra vida en esta vida y en este mundo, estaremos dedicando el esfuerzo y la atención a otra cosa distinta de la que realmente es trascendental.

Podemos distraernos todo lo que queramos, y disfrutar todas las satisfacciones que nos aporta lo externo –que son muy buenas y hay que disfrutarlas plenamente, por supuesto- pero que no sea a costa de perder el rumbo, de tener sólo satisfacciones externas a cambio de no conocer las internas.

“¿De qué le sirve al hombre ganar el mundo entero si al final pierde su alma?”.

Es una buena pregunta que requiere inexcusablemente una buena reflexión, una toma de conciencia plena, total, porque las cosas que son significativas en nuestra vida requieren una respuesta que sea personalizada –no copiada- para que de este modo produzca efecto en nosotros.

Las experiencias ajenas, los sentimientos o descubrimientos de los otros, son buenos como punto de partida para una reflexión personal, ya que es más efectivo lo que siente cada uno dentro de sí -lo que siente en su propia esencia- que las teorías o filosofías externas que pretendamos imponernos. Lo primero tiene más consistencia y efectividad, porque es propio. Lo segundo, sólo tiene vigencia mientras pensamos en ello y luego, cuando dejamos de pensarlo… desaparece.

Conviene ser capaz de diferenciar entre el que somos y el que estamos siendo. Entre el que somos de verdad y el personaje que se mueve por el mundo. Y no atender sólo a uno de ellos, porque lo adecuado es lograr la convivencia entre ambos y darle a cada uno el lugar que le corresponde sin quitárselo al otro.

Si sólo damos preponderancia al ego, al personaje, a lo externo, a lo deslumbrante que nos aporta satisfacciones inmediatas, pero efímeras, nos podemos perder a nosotros mismos. Y esa es la mayor y más dolorosa pérdida.

¿Quién soy de verdad?, ¿me estoy atendiendo como merezco?, ¿estoy haciendo lo que realmente tengo que hacer?, ¿me dedico a mí y a mi vida interior la atención que ello requiere?, ¿Sobrevaloro aquello a lo que doy importancia y no a lo que realmente es importante?, ¿me estoy olvidando de mi Ser Interior, de quien realmente soy?

La mayor pérdida es si me pierdo a mí.

Te dejo con tus reflexiones…

Francisco de Sales

Si desea recibir a diario las últimas publicaciones, suscríbase aquí:
http://buscandome.es/index.php?page=59

Si le ha gustado este artículo ayúdeme a difundirlo compartiéndolo.

(Más artículos en http://buscandome.es/index.php?action=forum)

Vistas: 37

Comentario

¡Tienes que ser miembro de CONEXIÓN UNIVERSAL para agregar comentarios!

Únete a CONEXIÓN UNIVERSAL

© 2020   Creada por Manuel Frutos.   Con tecnología de

Insignias  |  Informar un problema  |  Términos de servicio