EJERCICIO DE AUTOCONOCIMIENTO FRENTE A UN ESPEJO

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EJERCICIO DE AUTOCONOCIMIENTO FRENTE A UN ESPEJO


En mi opinión, tenemos al alcance de nuestras posibilidades un eficaz y económico método de trabajo personal que podemos hacer sin salir de casa y sin necesidad de elaborados preparativos.

Se necesita un espejo. Inicialmente puede servir el del baño para verse sólo la cara; posteriormente, habrá que hacerlo frente a un espejo en el que uno se pueda ver todo el cuerpo entero.

Para mí es uno de los trabajos más duros que existen para el Desarrollo Personal. Aparentemente es muy fácil: sólo hay que mirarse de frente durante 5 minutos –como mínimo- y mantener el contacto visual en todo momento. Es muy habitual que se produzca un rechazo a querer seguir manteniendo esa situación. Va a resultar difícil mantener la mirada sin que aparezcan una retahíla de reproches, un repaso cruel a algunas de las cosas que no nos gustan de nosotros, recuerdos ingratos que no se van a poder quedar quietos en el olvido y aparecerán como para molestarnos, dolor y tristeza, y un deseo enorme de apartar la mirada o de que se pasen pronto los 5 minutos para poder salir huyendo del ejercicio.

Los sentimientos pueden ser muy variados, según sea cada persona, según sea su pasado, y según sea la relación que mantiene consigo mismo. Pueden ser sentimientos similares a inquietud, incomodidad, vergüenza, crítica, e incluso desprecio. El ejercicio consiste en desvelar todo lo que se presente en ese momento –y en los siguientes días, ya que habrá que repetirlo- y escucharlo-sentirlo sólo desde la observación -simplemente observar- sin añadir comentarios o juicios.

El espejo lo único que va a hacer es poner tu realidad frente a ti a través de tu propia mirada –“los ojos son el espejo del alma”, recuerda-, mirada que no ves habitualmente y que no siempre te atreves a afrontar y enfrentar; si estás atento a comprender esa mirada podrás ver en ella los sentimientos que necesitarías cambiar o corregir si quieres tener una vida más feliz y con más plenitud.

Así que una vez que realices el ejercicio, será bueno que escribas inmediatamente cómo te sientes, qué pensamientos han aparecido con más intensidad, cuáles han sido los auto-reproches más duros y más insistentes, qué es lo que más te ha dolido, etc.

Ante el espejo aparece la más sincera realidad: no podemos eludirnos. Nos quedamos en la tan temida soledad de estar con nosotros mismos y no poder distraernos con otras cosas; nos quedamos a merced de la realidad.

 

Ahí es donde vamos a poder demostrar si somos compasivos con nosotros, si somos crueles, si somos incapaces de perdonarnos y seguimos arrastrando el pesado lastre de algunos errores, si somos crueles e injustos verdugos y cómo nos tratamos.

Antes de comenzar el ejercicio conviene estar preparado para atravesar todos los estados y sentimientos desagradables que puedan aparecer, y estar preparado para no quedarse estancado en ninguno de esos estados y sentimientos para resurgir una vez que hayan pasado los 5 minutos –como mínimo-.

 

La finalidad del ejercicio no es el sufrimiento innecesario, sino una toma de conciencia innegable con lo que tenemos dentro pendiente de sanar… para sanarlo. No hay que sentirse abatido por lo que surja, sea lo que sea. Hay que entender que eso que va a aparecer ya estaba, incluso aunque no fuésemos conscientes de ello. El ejercicio nos va a servir para sacarlo a la luz, para poder cosificarlo y poder afrontarlo y solucionarlo, de modo que las siguientes veces que nos miremos en el espejo éste nos devuelva una imagen de nosotros cada vez más serena y sonriente.

Cuando aparezcan sentimientos hay que permitirse manifestarlos. Es muy posible que hayan estado reprimidos y necesiten expresarse. Además, ser consciente de cómo nos afectan nos puede servir para trasmutar la rabia que producen esos sentimientos de disconformidad en energía para cambiarlos.


Es recomendable comprender y aceptar todo lo ingrato que vaya apareciendo para luego poder perdonarse y no aprovechar el momento para seguir con los reproches y la rabia y el malestar que uno pueda sentir hacia sí mismo.

 

Estará muy bien hablarle a ese que vemos en el espejo, con un tono de voz medio –no sólo pensar- y siempre con afirmaciones positivas: “estoy aprendiendo a amarme”, “estoy dispuesto a cuidarme”, “yo creo en mí”, “voy a solucionar todo esto”, “confío en mí”, “me amo”; pueden ser de este estilo o ser creadas por uno mismo, pero tienen que ser absolutamente creíbles y creídas por uno mismo, primero, y en el inconsciente, después, o no tendrán utilidad. El auto-engaño es inútil y absurdo. Si no puedes decir aún “yo me amo” puedes comenzar con “estoy aprendiendo a amarme”.

Insiste. Es muy posible –como ya te he avisado- que durante los primeros segundos/minutos se te quiten las ganas de seguir mirándote y que no quieras volver a repetir la experiencia. Es igual: hazlo. Repite una y otra vez. Insiste en este trabajo hasta que el espejo te devuelva la imagen de una persona a la que seas capaz de aceptar y amar con una sonrisa que te emocione ver.

Recomiendo la visión de estos 5 minutos de la película Angel-A.
https://www.youtube.com/watch?v=pBDrLCtSR6g

Te dejo con tus reflexiones…

 

Francisco de Sales

 

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