Una nueva relación comienza. Como en todos los casos ocurre, cada uno cuenta lo que cree que le conviene contar, aunque aparentemente no lo piense, así. La pieza ya está elegida, ahora solo queda cobrarse-la en la forma pensada, y de eso hay unas cuantas.

Abrirse del todo es cuestión de tiempo, y el tiempo, para la mente que piensa, es parte de la seguridad pensada, y por lo tanto falsa. Siempre depende, y el factor campo, a veces, pesa.

Preguntas y respuestas se suceden y en sus respectivas expresiones aparecen negaciones a lo que piensa, cree, hace, vive. Algo así como que "mi vida no es mi experiencia completa". ¡¡¡Que lástima me da!!! Esa no es mi verdad. Me vivo en las necesidades aparentes de que tengo que ser o hacer esto o lo otro para no entrar en conflicto, o también, rebajar tensiones aceptadas previamente. También en que de alguna forma tengo que estar en esta sociedad o mundo o espacio. Pensamiento. Lo otro es la muerte y por ahora no la veo, al negarla.

Y depende de la prisas en conocerse, se saltan o no lo que en otro caso eran patrones infranqueables. Es como que algunas de las pruebas del conocerse mutuamente, se den por superadas sin necesidad de ser pasadas, medidas y valoradas minuciosamente. Es ese sentir de que el tiempo apremia, de que mi yo-experiencia ya sabe, incluso de que da igual, lo que sea, será. Y decido que tengo que usar el freno o por el contrario pongo la quinta marcha y cierro lo ojos para no ver.

Y ¿tú crees en la religión? No; pero le tengo que comprar el traje de marinerito al ñiño. Es lo que toca.

Y el encuentro-relación se va forjando, así como creciendo en una forma sin predeterminar, aunque coge forma. Uno, que observa, ve o cree ver esa forma. Desparramada, ancha, inconsistente, grisácea, carente de algo que a modo de supermercado se busca en el otro. Todo tiene un precio. Y uno se lo pone, seguro, aunque sin etiquetar, por eso de que queda feo, y mucho menos, en un primer encuentro eso se comenta. Lo del precio, digo.

Preguntas cuya respuesta me importan un pito. El caso es no estar callada (cuerpo-mente) por miedo al silencio que despierta, y eso es lo que menos deseo. Mis prisas ahora son otras. No lo sé. Solo lo intuyo. Por vivido.

La relación está configurada sobre un objetivo predefinido y hacia eso se "trabaja". Nada queda al azar. Eso sería mi ruina. Objetivos sobre "el objetivo" que va cambiando como un producto más del ibex 35.

Pequeños fragmentos puzzlerianos que me permiten ver el puzzle al completo y esa es la imagen que decidí guardar para compararla en el tiempo. Avance o retoque. Recalculando ruta. Compro o vendo. Esta vez miraré en la bolsa de Tokio. En la distancia uno se controla mejor.

Bendiciones a mis espejos.

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