¿QUÉ ES LO QUE QUIERO PARA MÍ?

En mi opinión, esta es una de esas preguntas que nunca nos hacemos con naturalidad, con interés amable, sino que parte siempre de una situación desagradable de auto-decepción.

Y no se hace del modo amable, en el que se aprecia una voluntad de autoconocimiento que pueda llevar después a una situación de bienestar con uno mismo, sino que parte desde la rabia de un reproche tras haber llegado a una situación en la que uno se siente decepcionado consigo mismo, porque se da cuenta de que alguna o algunas de sus propias actitudes no son de su agrado, o se da cuenta de que no está siendo como realmente quisiera ser, o se siente muy incómodo y enojado consigo mismo por lo que no ha logrado en la vida…

Insisto en que son situaciones de rabia y desencanto las que llevan a cuestionarse este asunto, y se hace de un modo que en vez de preguntar acusa, y se parte por tanto de una situación tensa y enfurecida donde la objetividad y el amor propio no están presentes.

Se van a presentar como preámbulo todas las situaciones que hemos vivido a lo largo de nuestra vida de las que no nos sentimos precisamente orgullosos, y son muchas.

Todos –sí, todos- tenemos muchas cosas de las que arrepentirnos.

Todos –sí, todos- hemos hecho cosas de las que no nos sentimos satisfechos.

Todos –sí, todos- nos hemos equivocado, y todos hemos tomado decisiones que después demostraron no ser las más adecuadas.

Todos –sí, todos- tenemos manchones en nuestro historial y acumulamos auto-decepciones, auto-desengaños, momentos de tristeza por algo que hemos hecho o no hemos hecho, y tenemos lo que pudiéramos llamar “fracasos”.

La verdad es que no siempre somos responsables directos de todo ello, ya que a veces esos estados de opinión personal se han formado porque no había una clara directriz en nuestra vida y nos habíamos hecho unas ilusiones que nos quedaban muy lejos –casi imposibles- y porque no se habían diseñado teniendo en cuenta las propias capacidades, las limitaciones personales, y las circunstancias en las que uno ha estado en su pasado y está en su presente.

En cambio, esta misma pregunta hecha desde el amor y el mejor de los deseos para uno mismo es enriquecedora.

A veces se nos olvida que somos responsables directos de nuestro futuro, y que nuestra misión es crearlo y no limitarlos a padecer “lo que venga”. Y más cuando resulta que ese “lo que venga” lo podemos y lo debemos crear nosotros mismos.

¿Qué es lo que espero de mí?

Esta es una de esas preguntas personales e intransferibles, cuya respuesta no se puede copiar de otras personas.

Hay que tener claro antes de plantearla seriamente que aquí no valen como respuesta las fantasías, las utopías, o lo imposible, y esto ha de ser un principio irrenunciable.

Está bien tener un deseo que vaya un poquito –sólo un poquito- más allá de lo que uno pudiera alcanzar, porque eso sería un estímulo para esforzarse un poco más, pero entonces conviene también tener muy claro –pero que muy claro- que el hecho de no lograr alcanzar ese poquito más no ha de convertirse en ningún caso en un motivo de frustración ni en el comienzo de una depresión o una sarta hiriente de auto-reproches.

Recomiendo hacerse esta pregunta –como hay que hacer con todas- en momentos de serenidad, porque sólo la ecuanimidad que la serenidad aporta puede dar respuestas que sean constructivas. Recomiendo expresamente no hacerla en momentos de enojo o tristeza porque las respuestas serán pesimistas o no aparecerán, y no hacerlo en momentos de euforia porque las respuestas aparecerán cargadas de irrealidad.

Y recomiendo que en cuanto aparezca una respuesta que nos parezca convincente nos pongamos a la tarea de hacerla realidad.

Y si uno descubre que, por ejemplo, quisiera ser menos impulsivo, entonces le conviene ponerse a hacer lo necesario para conseguirlo, y a partir de ahí se abre un abanico de posibles soluciones, desde ponerse a contar hasta cien y mientras recordarse el objetivo de querer ser menos impulsivo, hasta iniciar un Proceso de Autoconocimiento y Desarrollo Personal, o acudir a un psicólogo que le ayude a descubrir el origen de esa impulsividad agresiva y a eliminarla, o estar atento a sí mismo y darse cuenta en cuanto se manifieste la impulsividad para manejarla bien, o hacer yoga o meditación, etc.

Averiguar lo que esperas de ti, o lo que quieres para ti, y conseguirlo, logrará que mejore tu Autoestima y que te sientas muy satisfecho de ti mismo, muy digno, y que se implante en ti un halo de paz que manifieste tu nuevo estado.

Este es un asunto al que conviene dedicarle atención y preponderancia y no aplazarlo más.

Tú decides.

Te dejo con tus reflexiones…

Francisco de Sales

“Oír o leer sin reflexionar es una tarea inútil”. (Confucio)

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