El perfume más valioso: la gratitud

Cada día tiene un motivo, tiene un sentido y un propósito individual por el cual sentirse agradecido. Pienso y creo fielmente que es importante ser capaces como seres humanos, de percibir todo lo bueno que la vida nos ofrece cada vez que abrimos los ojos por la mañana; pues sin duda, la vida es muchísimo más que un cúmulo de experiencias buenas y malas.

 

A su vez, también es un continuo, en el cual dichas experiencias se entrelazan para darle un significado a nuestro aprendizaje, para hacernos conscientes de que todo lo que vivimos tiene una razón de ser, un para qué y un por qué, muchas veces no entendemos los motivos de nuestros sufrimientos personales, ni de nuestros fracasos y errores diarios; los cuestionamos, ya que muchas veces no nos creemos merecedores de eso que decimos padecer como una especie de enfermedad, karma, castigo, injusticia (o como quiera o prefiera llamarle el lector).

Sin embargo, cada cosa que vivimos, buena, mala, nos guste o disguste, es precisamente lo que merecemos y atraemos como producto de nuestras acciones, reflexiones y sentimientos.

 

Con todo esto, es necesario decir que muchas veces para poder abrir en nuestras vidas esa brecha o ese camino hacia la tan deseada felicidad, debemos comenzar por hacernos cargo de lo que nos ocurre, responsabilizarnos, sin buscar culpables, sin victimizarnos, pues esos reflexiones y modos de actuar no llevan a nada (al menos a nada bueno).Y a fin de cuentas, debemos hacernos responsables y conscientes de que nosotros mismos somos productores de lo que hoy nos ocurre, y que por algún motivo dicha situación (agradable o desagradable) llegó a nuestras manos.

 

Además, una misma circunstancia puede tener mil y una utilidades, y quizás una de las que más destaco o resalto es la de formación, es decir, el aprendizaje, pues la persona que no se dedica a aprender de sus problemas y errores siempre vivirá en un círculo vicioso, de victimización, culpa, depresión y de errores constantes. Y los problemas están allí para algo, sólo queda aprender a usarlos

Por otro lado, creo que es importante darnos cuenta de que el potencial que reside en nosotros mismos es infinitamente suficiente para hacerle frente a cualquier adversidad que en el camino se nos presente. Pues entonces… ¿Qué estamos esperando para demostrarlo?… Si no lo hacemos nosotros, nadie más lo hará. No esperemos milagros que no hemos sido capaces de auto gestionar, pues los milagros existen. Sin embargo, si queremos que ocurran debemos al menos lanzar una chispa para que el fuego arda. Lo que es igual con los cambios, si queremos que vengan, debemos provocarlos, y no sólo esperarlos, pues esa no es la paciencia que tanto debemos tener, eso más bien es pasividad.

 

Un paso primordial para ser felices (conste que ser y sentirse son verbos muy diferentes), es aprender a ser agradecidos, no como una conducta aprendida, sino ligado a la esencia de cada persona, a algo más intrínseco, interno, profundo, a lo espiritual, es decir, ser agradecidos desde adentro, pues esa vibración o forma de ser, de pensar y de creer, tiñe de un hermoso color todo lo que toca, e impregna de un grato aroma todo lo que rodea. La gratitud es como el mejor de los perfumes, pues es una esencia derivada del amor; por ende siempre lo que toque se convertirá en algo valioso.


A veces en las peores tormentas, cuando ni el sol se es capaz de vislumbrar, allí en medio de las aparentes tinieblas, la gratitud hace su aparición majestuosamente, divinamente, haciéndose paso entre toda esa oscuridad, para demostrar que es la luz la que reina y no lo demás. En esos momentos es cuando más viva me siento, cuando más vitalidad se hace parte de mí y cuando más puedo demostrar que tengo fe y que creo en el amor, pues sino ¿Cuándo? o ¿De qué otro modo?

 

Pues en circunstancias felices no podemos demostrar que nuestra fe es firme si no tenemos pruebas que superar o problemas que solucionar .En la adversidad está la oportunidad de demostrar quienes somos y todo lo que hemos aprendido, viendo ese momento como una instancia para superarse, aprender y fortalecerse. En tal sentido, los problemas son oportunidades y circunstancias para demostrar de lo que estamos hechos…

 

Por ende, la gratitud no debiera ser algo contextual; mucha gente cree ser agradecida, pero sólo lo es cuando vive circunstancias agradables o cuando logra cumplir las metas que quiere. Pero la gratitud es algo mucho más profundo; es un estilo de vida que no se condiciona por estados anímicos, ni por circunstancias, ni personas; es algo que simplemente es (siempre y en todo momento), algo natural, espontáneo, jamás forzado, ni aprendido por la razón; es algo que nace del espíritu, de la madurez que se adquiere en la vida, del aprender a elevar nuestra consciencia a cosas más grandes, de comprender que no estamos solos y que lo tenemos todo sin necesidad de mirar a nuestro alrededor. Esa consciencia nos hace ser agradecidos y sentirnos plenos en cualquier momento de nuestras vidas. En resumen, la gratitud no tiene límites, es infinita, benigna y prolífica.

Sufrir, sentir dolor, caernos, es parte de la aventura de lo que es la vida; nos ayuda a pulir defectos, nos sirve para limar asperezas. Sin duda cada circunstancia ésta aquí frente a nosotros para cumplir una función; es nuestra responsabilidad darnos cuenta qué provecho podemos sacar de ello o qué utilidad práctica le vamos a dar a cada circunstancia.

 

Pues no podemos decir que la vida no es una escuela, pues sin duda lo es; con pruebas y todo, con profesores que nos caen bien y otros a los que no queremos ni ver. Debemos entender que cada uno de ellos nos entregará herramientas diferentes, en áreas quizás distintas pero a su vez complementarias; sólo debiéramos no cerrar nuestros oídos a aquellos que no nos agradan (como el dolor, el miedo, la duda, la inseguridad, etc.), pues de cada uno de ellos podemos aprender lecciones valiosas para completar nuestro historial de vida, para sumarle experiencias a nuestro currículum.

 

A fin de cuentas cuando aprendemos a ver la vida como realmente ES, veremos que todo calza a la perfección y que en definitiva nada es malo o dañino; otorgamos esos conceptos en función de las propias experiencias. Es decir, lo que no nos gusta, lo que nos desagrada, generalmente lo denominamos como malo, como un problema, o como un fracaso. Si decidiéramos usar otro lente para ver la realidad, ni siquiera existirían todas esas cosas, son sólo conceptos que existen en nuestra mente. Pero no reflejan la realidad. Lo que pensamos o creemos, es para nosotros. O dicho de otro modo, somos lo que pensamos…

 

Si queremos tener una mejor vida y ser felices, debemos ocuparnos en el aprender a pensar bien y a quitar de nuestra mente todos esos prejuicios e ideas preconcebidas de lo que debiera ser la felicidad, el amor, y muchas otras cosas de las cuales creemos tener una idea acertada. Nuestro concepto es algo distorsionado.

 

Pero cuando comencemos por ver las cosas como realmente son, a través del lente de la Verdad y la Justicia, comenzaremos recién a comprender lo que es el Amor, lo que es la Vida, la Felicidad y muchas otras cosas. Y de pasar a entenderlas, posteriormente pasaremos a vivirlas como una realidad constante y cotidiana de la cual diariamente iremos aprendiendo algo nuevo, pues cada día lo veremos como una nueva oportunidad de ser mejores, y a cada adversidad que se nos presente la veremos como una instancia de crecimiento y superación.

 

Todo ese aprendizaje, traducido en madurez y experiencia, nos llevará a adquirir uno de los tesoros más valiosos que el ser humano puede llegar a tener: La Humildad. Una persona humilde es capaz de agradecer cada instancia como lo mejor que puede estar viviendo en el momento, como duelo, quiebra, infidelidad, rupturas, enemistades, enfermedad, etc.

 

Para una persona con esa virtud tan valiosa no existe circunstancia injusta, no existe el miedo a fracasar, ni a ser infeliz; sólo existe fe en que lo que ocurre es lo justo, lo suficiente y lo necesario para seguir progresando en la vida. Una persona humilde, no sufre innecesariamente, pues ha dejado detrás el orgullo y el rencor; tiene por arma la paz y al perdón… En definitiva, la gratitud va de la mano de la humildad, son compañeras, amigas, cómplices, se retroalimentan constantemente y siempre seguirá siendo de ese modo.

 

La gratitud es uno de los sentimientos más gratos, más nobles, sublimes y básicos. En definitiva, es el sustento de muchas otras cosas que se quieren construir en la vida.


Si se quiere construir un buen edificio que se sustente, que la base sea el amor y que las vigas sean hechas de gratitud, que los clavos sean de paciencia, las tablas de sabiduría y el concreto (o cemento) sea de fe; todo lo demás que se quiera añadir dependerá de cada arquitecto, de los materiales que se tenga y del resultado que se desee obtener…

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Comentario de Yider Araque el febrero 22, 2015 a las 1:29pm

Siempre tengo gratitud, nunca la olvido, nació de mi corazón. Gracias ser de luz por compartir!. Bendiciones

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