Sanando por Amor… Confesiones de un Sanador

 

¿Qué es amor? 

Cuando comenzaron mis experiencias con estas sanaciones, nadie se había preocupado de enviarme el manual de instrucciones.

Todo lo que sabía era que dejé mi consultorio un viernes, pensando que era quiropráctico, y cuando regresé al siguiente lunes, sentí que era algo más.

Como dije anteriormente, decidí recurrir a otros en busca de respuestas.

Compré revistas de Nueva Era de librerías y herbolarios, eché un vistazo a los anuncios de aquellos que ejercían diferentes formas de sanación, y llamé a los que me parecieron más sensatos por sus fotografías.

Me cité con estas personas, les describí lo qué había estado haciendo e incluso les hice una demostración.

Cuando presenciaron las respuestas que provocaban estas frecuencias, observé que muchas de estas personas se molestaron repentinamente.

Como poco, algunos de ellos desarrollaron lo que yo he llamado una actitud contundente.

Al escuchar su consternación, pregunté si había hecho algo que lo provocara.

Me dijeron:

«Hemos pasado años de aprendizaje para sintonizar nuestros corazones y trabajar con amor. Tú simplemente te despertaste un día con este don.

Estás haciendo todo mecánicamente, aunque estás consiguiendo todos estos maravillosos resultados que nosotros no obtenemos».

Después vinieron las palabras que no estaba, preparado para escuchar:

«Necesitas abrir tu corazón».

Pensé, ¡Oh, Dios mío!, ¿qué me pasa? ¿Qué le pasa a mi corazón?

Con lo que todos estos sanadores «técnicos» habían dicho, me fui a casa sintiéndome más y más abatido y me pregunté exactamente cómo podía abrir mi corazón.

Fue precisamente un día en que me sentía especialmente deprimido cuando caí en la cuenta: ¿cómo podía mi corazón estar tan cerrado si sentía tanta pena?

Fue en este punto cuando comprendí más claramente las diferentes formas de amor.

Estos sanadores técnicos estaban confundiendo el amor con el sentimiento hacia una tarjeta de Hallmark.

Honestamente creían que sacar algunas lágrimas durante una sesión, ayudaría al paciente.

El amor sentimental no es el amor que interviene en estas sanaciones.

Ni siquiera capta la esencia del amor que crea el universo.

Pregunta a cualquiera que haya tenido una experiencia de vida después de la muerte y que haya ido incluso más allá, para conocer el «amor» que es esa experiencia.

Estos sanadores habían estado confundiendo amor con soborno.

El amor en el que se basa la sanación es el amor en el que se basa la vida y el universo.

No es un amor hormonal ni del tipo «tengo que tenerte», ni es un amor lloroso del tipo «lo siento por ti».

Es el amor todo poderoso de la creación y la conciencia, es el amor que te permite salir de tu ego, quitarte de en medio y ser el observador y el observado, y de esa manera permitir el mismo regalo para el paciente.

Es el amor que permite que el poder que creó el cuerpo sane al cuerpo.

Es cuando tiene lugar la transformación.

Es cuando fluyen la luz y la información.

Eso es amor.

 

El miedo escondido en nuestros rituales 

La parte más difícil de proporcionar cuidados médicos a los nativos es conseguir sacarles de su superstición.

Dr. Albert Schweitzer 

El miedo nunca es tan insidioso como cuando se envuelve en la apariencia del amor.

El miedo es lo único que se interpone entre tú y otro, entre tú y cualquier cosa... incluida tu meta de ser un sanador consumado.

Uno de los obsequios que espero que recibas de este libro es la habilidad para reconocer al miedo en cualquier forma que se presente y transformarlo en amor.

El miedo es justamente la ausencia de amor, como la oscuridad es la ausencia de luz.

Cuando enciendes una luz en la oscuridad y la luz es la única cosa que se hace presente, cuando llevas amor a un lugar en el que había habido miedo, te das cuenta de que el miedo ya no existe.

Antes, acudí a otros en busca de respuestas y revelaciones.

Aunque tenía preguntas que hacer a estos individuos, ellos también tenían preguntas para mí.

La primera pregunta que me hicieron fue: «¿Te estás protegiendo?».

«¿De qué?», pregunté, mirando sobre mi hombro.

No lo sabían.

Sólo sabían que alguien les había dicho que se protegieran porque a ese alguien, alguien le había dicho que se protegiera, porque a ese otro alguien, alguien le había dicho que se protegiera.

Costumbres, hábitos, antiguas tradiciones.

Pero, ¿quién empezó este proceso? ¿Y por qué?

Si una obviedad pasa a través de los tiempos -y la verdad es siempre la verdad- lo más probable es que aún hoy sea verdad.

Pero si algo era falso antes -y si la verdad es aún la verdad- algo que era falso, sigue siendo falso.

Puede ser muy antiguo, pero es igualmente falso.

Siéntate un momento, prepárate, y si tienes un par de collares de ajo cerca, póntelos, porque voy a decirte algo que puede hacer tambalear unas cuantas de tus falsas creencias: el diablo no existe.

No hay ninguna entidad cuyo propósito de existencia sea perder el tiempo y hacer estragos en tu vida o esconderse en habitaciones oscuras detrás de la puerta del armario para buscar el preciso momento de salir y gritar: «¡Buh!».

No sólo eso, no tienen primos que se cuelguen de tus hombros y para sacarlos sean necesarias sesiones de sanación semanales o mensuales o que puedan ser rechazados por colgantes de piedras muy caros.

Deja de halagarte a ti mismo.

Son inventos y fantasías creadas, reforzadas únicamente por el miedo que les tienes.

Si alguna de estas entidades hubiera existido alguna vez, ahora estarían muertas.

Murieron riéndose de todas las payasadas que hiciste tratando de protegerte de ellos.

Uno se murió justamente ayer cuando se dio cuenta del dinero que habías gastado en ese amuleto.

Echemos un vistazo a unos cuantos de estos rituales basados en el miedo:

Flores: para alejar a los fantasmas.

•  Sacudirte las manos: para librarte de la energía negativa de otra persona que has absorbido durante una sesión de sanación.

Tazones de agua: para atrapar la energía negativa cuando sacudes las manos.

Sal: en el agua del tazón para romper la energía negativa una vez que el agua la ha atrapado después de que sacudieras tus manos.

Alcohol: para rociar tus manos en caso de que no tengas ni recipientes, ni sal, ni agua en los que sacudir tus manos.

•  Velas: quemar ciertos colores como protección.

•  Dirección de movimientos: girar o caminar solamente en ciertas direcciones (derecha, izquierda, en el sentido de las agujas del reloj, o en el sentido contrario a las agujas del reloj, dependiendo de tu fuente o escuela de pensamiento).

Direcciones de emplazamiento: el paciente se acuesta en determinada dirección (cabeza hacia el norte, el sur, el este o el oeste, dependiendo de tu fuente o escuela de pensamiento).

Manos: la mano derecha es la mano que envía; la mano izquierda es la mano que recibe.

Joyas y/o cuero: quitártelas para que no interfieran con la sanación.

Exhalar: soplando o tosiendo la energía negativa.

Cruzar la columna: permaneciendo en el lado derecho de la persona si estás trabajando sobre su lado derecho; y en su izquierda, si estás trabajando en su lado izquierdo para no cruzar su columna.

Pañuelos desechables: para secar tus lágrimas si estás riéndote tan fuerte como para apagar tus velas, o llorando cuando accidentalmente matas a tus flores al sumergirlas en el agua salada en la que se suponía que debías sacudir tus manos...

Y las oraciones no las reviven.

 

No podemos llegar al amor mientras reforcemos el concepto del miedo.

Como cultura, decoramos nuestros miedos con rituales, y después nos engañamos pensando que estos rituales son expresiones de amor.

Rebajamos la oración cuando la usamos como protección, ¿de qué queremos protegernos cuando usamos la oración y estos otros rituales?

De nada más que de la naturaleza amorfa de nuestros miedos, simplemente porque mantenemos el concepto del mal.

Nos negamos a reconocer que el mal es simplemente un espectro de la ilusión.

Pasamos mucho tiempo protegiéndonos de algo que no existe; no es muy sorprendente que tengamos tan poco tiempo para lo que existe.

Mientras nuestra atención crea encarnaciones ilusorias del mal -que, a su vez, requiere más de nuestra atención- nuestros sistemas de creencias se refuerzan.

A menudo simplemente no nos damos cuenta de que vamos donde está nuestra atención.

¿Crees realmente que si agitas un ramo de flores ante un fantasma, se dará la vuelta y saldrá corriendo de tu vida gritando?

Puede que sí.

Pero sólo si es alérgico.

Si un fantasma está perdiendo el tiempo sin hacer nada, no es por ti.

Tiene su propio motivo, su propio propósito para su interrupción cíclica.

¿Qué pasa con la energía negativa sacudida de tus manos en un recipiente de agua salada?

¿Estás tratando de ahogarla?

Sólo funcionará si es agua clara del universo.

El problema inherente a estos rituales de protección es que cuando estás haciendo algo diseñado para protegerte, estás diciéndote a ti mismo que hay algo de lo que debes tener miedo, incluso cuando lo que te preocupa es la dirección en la que se acuesta el paciente, qué mano usar, o algo tan simple como estar preocupado de si lo que estás haciendo está «mal».

Así que, cuanto menos reconozcas conscientemente la del ritual, basada en el miedo, más difundirán los efectos del miedo.

Las mismas bases del miedo se aplican a otros comportamientos ritualistas y supersticiones, tales como quitarse el cuero y las joyas.

Cuando le pides a tu paciente que se quite esas cosas, te estás diciendo a ti mismo que no eres suficiente, que tú y lo que sale a través de ti, es limitado por naturaleza.

Déjame darte sólo una razón por la que sé que esto es cierto: cuando estas curaciones empezaron a ocurrir por primera vez, mis pacientes pensaban que iban a ver a un quiropráctico, y yo pensaba que lo era.

No puedes conseguir un mejor estudio doble ciego.

Y, por supuesto, como pacientes de quiropráctica, venían con sus botas de trabajo de cuero y con puntera de acero, grandes cinturones, aparatos de metal en las piernas y toda su joyería habitual.

Yo no tenía ninguna razón para sugerirles que se quitaran sus joyas o cuero.

No me paraba a rezar, a quemar salvia o incienso sobre ellos, ni a fijar la energía de la habitación con cristales de colores para los chakras importados de América del Sur.

Simplemente miraba con el asombro de un niño.

Sin atadura, sin constricción, sin ritual, sin miedo.

Sólo sanación del universo, simple y llanamente.

Solo sanación por Amor…

 

Y para hacerlo, uno debe tener un entendimiento más consciente no sólo de cómo, sino también de cómo no, sacar a la gente del hoyo y guiarles hacia sus metas, fuera de la oscuridad y dentro de la luz; fuera de nuestros miedos y dentro de nuestro amor.

No necesitas liberarte de todo tu miedo antes de que estés listo para experimentar el amor.

Puedes abrazar tus miedos y llevarlos adentro del amor contigo.

Porque una vez que entres en el amor, el miedo se mostrará a sí mismo como la ilusión que siempre ha sido, y el amor será todo lo que permanezca…

 

Extracto del Libro del Dr Eric Pearl

La Reconexion

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Comentario

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Comentario de Manuel Frutos el agosto 26, 2011 a las 11:36am
Inocenta!!!! Muchísimas gracias, abarzos de Luz
Comentario de Inocenta el agosto 25, 2011 a las 12:59pm
Excelente Manuel..! Un abrazo Interminable!

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