El corazón no entiende de edades, ni de distancias, ni de tiempos. El corazón parece que sabe cuando no sabe y cree que conoce cuando desconoce.

 

Al corazón se le engaña fácil, se le convence con caricias, con lamentos, con dolores y tristezas.

El corazón no entiende de problemas, de soledades ni traiciones. El corazón se estremece con ternuras y sonrisas. No sabe de ciencias, ni de conocimientos cuantitativos. El corazón cualifica, adjetiva, valora…y se expande o se encoje con ello.

 

No sabe de mentiras, ni de palabras no dichas, ni de olvidos, ni de cobardías.

El corazón lo comprende todo sin los ruidos que acompañan a la vida, en silencio con su soledad como compañía.  Acoge y recompone los pedazos del alma que se rompe en las caídas.

 

El corazón perdona e ilumina con su consuelo en la soledad de la noche oscura. Llega y vence, arrasando como un tsunami sin elegir el color, ni el tamaño, ni la forma de los otros corazones a los que se lleva consigo.

No entiende de bellezas, ni de cortesías, ni de sutilezas vanas ni quiere entender más allá de la emoción, hecha amor, que parece poder con todo.

 

Al corazón ni siquiera le importa si es posible lo imposible.  Acampa sin pedir permiso y no se va aunque lo echen. Se queda ahí presente y mudo con el arrojo de seguir siendo lo que más importa dentro de la catástrofe.

 

Al corazón solo le interesa el beso tibio de otro latido que acompañe el suyo sin preguntas.

Nada existe fuera de los ritmos tempestuosos que ambos marquen para seguir; aunque solo sigue si junto a él, otro le impulsa su movimiento continuo.

 

ENVIADO POR "MIRAR LO QUE NO SE VE"

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Comentario de KAREN el junio 6, 2015 a las 11:57pm

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