CONVIENE SER TOLERANTE

En mi opinión, una de las cosas que más cuesta hacer, y que es algo que requiere mucho tiempo de vida para empezar a comprender y aplicar, es ser tolerante.

De entre las diferentes acepciones de tolerar, me quedo con la que dice “respetar las ideas, creencias o prácticas de los demás cuando son diferentes o contrarias a las propias”, también “permitir algo que no se tiene por lícito, sin aprobarlo expresamente”, y “llevar con paciencia”.

Además, se puede añadir otra forma de definir la palabra: “aceptar a los otros tal como son”. Y si ya son difíciles y complicadas de asumir las anteriores definiciones, lograr esta última requiere un esfuerzo especial.

Por naturaleza parece que a todos nos surge la norma de suponer que son los otros los que están equivocados, los que no hacen las cosas bien, los que son raros, los complicados… y cuesta aceptarlos tal como son porque no cumplen nuestras expectativas, porque no están en sintonía con nuestra forma de ser y actuar, que, por supuesto, según nuestro criterio, es la correcta. Eso es lo que creemos, claro.

Cada día estoy más convencido que hay que des-identificarse de las cosas que ocurren, y no permitir que todo-todo lo que hacen los demás nos afecte; que no hay que implicarse innecesariamente en cosas que no son de nuestra incumbencia y que además no nos aportan nada bueno, que hay que eliminar los juicios y más aún los prejuicios, que hay que ser muy respetuoso y comprensivo, que hay que meterse en los zapatos del otro antes de opinar y de juzgar, y que hay de reconocer los propios fallos y limitaciones antes de exigir la perfección a los otros. (¿Y qué autoridad tenemos nosotros para decirles cómo tienen que ser?)

La paciencia y la objetividad son unas aliadas imprescindibles. La capacidad de comprensión también es necesaria. Y también la aceptación desde la comprensión y la empatía.

Es bueno estar predispuesto para aceptar que las cosas no siempre van a ser como nosotros deseamos, que no se van a cumplir todos nuestros sueños, que la vida no siempre transcurre a nuestro gusto, que el mundo no gira a nuestro alrededor, que hay que ser siempre muy comprensivo y muy indulgente, que la capacidad de perdonar –o sea, de comprender- tiene que estar siempre activada, que no todo es tan grave como aparenta o como nos parece en un primer momento, que lo importante es que uno prevalece por encima de todas las adversidades y que con el tiempo, si se desea, todo se va minimizando, todo pierde su aparente agresividad inicial.

Es bueno no oponerse a lo inevitable, no martirizarse, no frustrarse continuamente, resignarse sin sentimiento de derrota ante lo irremediable, ser un poco flemático y conformarse con lo que hay cuando no puede haber más.

Es bueno tomarse la vida con más tranquilidad y los inconvenientes con menos drama. Se trata de VIVIR y no de sufrir. Conviene ser objetivos, neutrales y a veces un poco fríos –o sea, sensatos-. Eso ayuda a ver las cosas como realmente son y no como nuestra confusión nos hacer verlas.

Sé tolerante. Serás más feliz.

Te dejo con tus reflexiones…

Francisco de Sales

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