CONVIENE COLABORAR CON LO INEVITABLE

En mi opinión, la realidad verificada en las experiencias de todas las vidas, de todas las personas, acaba confirmando que hay cosas o sucesos que son inevitables.

Hay situaciones o experiencias contra las que no podemos hacer otra cosa que vivirlas tal como llegan, o intentar vanamente evitarlas… porque son inevitables.

Desde un punto de vista esotérico o espiritual, son pruebas que tenemos que pasar por causa del karma o porque van a aportar algo a nuestro Desarrollo Personal o Espiritual. Y sólo desde ese punto de vista se encuentra explicación a lo inevitable, porque si no es de ese modo a uno sólo le queda la opción de sentirse víctima inocente de una injusticia divina o del “destino”.

¿Por qué me pasa esto a mí?, ¿Por qué yo?

Uno se proclama bueno o inocente mientras es capaz de encontrar otras personas, malvados o maleantes, a quienes sí les sería de justicia esa misma desagradable experiencia en su vida como un castigo en forma de escarmiento doliente.

Conviene tener paciencia con este tipo de situaciones inevitables –que casi todas dependen de otros y en las cuales no podemos intervenir- y conviene vivirlas del mejor modo posible –que no sean dolorosas- y muy atentos porque, sin duda, nos están enseñando algo que si no aprovechamos la ocasión para aprender o resolver se nos repetirá una y otra vez, y en cada ocasión posterior será de un modo más duro. Y esto estoy en condiciones de garantizarlo, por eso creo que hay que aprender a la primera.

Aunque cueste, hay que acostumbrarse a dejarse fluir, a no oponerse, a confiar en la vida y dejar que sea ella la que se ocupe de ciertas cosas, y a tener paciencia y una fe o confianza inquebrantable en “algo” que siempre nos va a cuidar y no va a permitir que nos hundamos del todo.

Conviene saber y aceptar que hay cosas que van a suceder, o que tienen que suceder –aunque no sepamos porqué-, y es conveniente estar con la atención afinada para saber identificar esos sucesos y poder decidir con acierto si las aceptamos con confianza y sin oposición o si nos enfrentamos rotundamente.

Una vez que lo que nos está pasando es identificado, y si comprobamos que es una de esas cosas inevitables, es mejor no oponerse y zambullirse en ello a conciencia, con la tranquilidad absoluta de que vamos a salir indemnes de ello, o levemente tocados… ¡pero reforzados!

Será sólo una situación pasajera y oponerse no aporta nada positivo. La oposición lo único que consigue es hacernos sentir mal y sufrir en esa lucha.

Tal vez convenga reflexionar sobre eso de “Hágase tu voluntad y no la mía” y comprobar qué es lo uno siente cuando se aplica la frase a sí mismo. O tal vez escucharse decir, como si fuera la primera vez, “Que sea lo que Dios quiera”, pero no con una aire de rendición y derrota, ni con pesimismo, sino con confianza y con deseos de colaboración.

Puede ser el comienzo de una nueva forma de ver esas experiencias que nos vemos obligados a pasar –a nuestro pesar-, desagradables por incomprendidas, dolorosas, aparentemente innecesarias y sin duda indeseadas, pero que acaban teniendo un sentido en algún momento posterior.

Así como se dice que “conviene nadar a favor de la corriente”, también conviene colaborar con lo inevitable.

Francisco de Sales

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