Jose Raul Cortez Vasquez

«…porque el día que de él comieres, ciertamente morirás.» Génesis 2:17 Antes de la caída (Génesis 3), el hombre tenía comunión plena con Dios, después el hombre acusó a su compañera. No necesitamos explicaciones psicológicas que traten de explicar la esencia de las divisiones sociales, la razón fundamental es el pecado. Después que Adán y Eva pecaron, la naturaleza se hizo anormal, la tierra produjo espinos y cardos para que el hombre con el sudor de su rostro trabaje hasta que muera (Gn. 3:8). Estos cambios ponen de manifiesto que el universo no es un sistema cerrado. Dios habla y algo cambia, Él puede alterar las leyes del universo. Dios dispuso enemistad entre la serpiente y la mujer y entre sus simientes. Dirigiéndose a la serpiente, dijo de la simiente de la mujer: “…ésta te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el calcañar” (Gn. 3:15). Aunque Dios dispuso perdón para los hombres, para satanás la única alternativa que existe es una herida mortal. Para la mujer, de ese momento en adelante, se aumentarían los dolores de la concepción y las preñeces. También, el deseo de la mujer sería para su marido (Gn. 3:16). Después de la caída, en el matrimonio no existe democracia pura, pues la relación hombre-mujer es afectada. En la estructura del mundo caído, el deseo de la mujer es para su marido. Esa relación ha de ser en amor (Ef. 5:23). Cuando la mujer intenta romper la estructura de esa relación básica, finalmente lo que hace es lastimarse a sí misma. La sociedad moderna ha ignorado la estructura dispuesta por Dios en Génesis 3:16, el resultado es el fundamento para la perdida de la obediencia de los hijos y el derrumbamiento de la sociedad. Al hombre le dijo Dios: “Por cuanto obedeciste a la voz de tu mujer, y comiste del árbol de que te mandé diciendo: No comerás de él; maldita será la tierra por tu causa”. Por las consecuencias del pecado, el mundo externo objetivo y su estructura sufren cambios y de la tierra retoñarían plantas inútiles que solo traerían fatiga para el hombre (Gn. 3:17; 5:29). Dios le había dicho al hombre: “…porque el día que de él comieres, ciertamente morirás.” (Gn. 2:17). Morir implica separación. El pecado es la causa de la separación Dios-Hombre. El hombre normalmente ya no cumple el propósito de su existencia. El ser humano perdió la relación favorable que tenia con el creador. De modo que la finitud intrínseca del ser humano, ahora también posee limitación moral en atención a su pecaminosidad, por lo que la comprensión humana de cuestiones espirituales se volvió inactiva. El egoísmo, la codicia, el deseo de poder y la polución han sido el trampolín que impulsa al hombre a someter a los más débiles. El mundo hoy exhibe explotación del hombre por el hombre, depravación, hambre, inmoralidad y relativismo. Esta es la consecuencia del corazón pecador del hombre. El hombre además se separó de sí mismo, él tuvo miedo, en consecuencia a su autodecepción. Desde ese momento el hombre es mentiroso: se miente a sí mismo y a su prójimo. Después del pecado, el sexo se separó de su elevado propósito. Dios dijo a Adán y Eva: “…Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra…” (Gn. 1:28). El hombre tendría relaciones sexuales después de que “halla dejado padre y madre y se una su mujer para ser una carne” (Gn. 2:24). Después de la caída, el hombre ha usado el sexo como negocio y explotación. Mujeres han cambiado su uso natural, por el que es contra la naturaleza, cometiendo actos sexuales mujeres con mujeres y de igual modo hombres se han encendido en su lascivia unos con otros, cometiendo hechos vergonzosos hombres con hombres. Tanto hombres como mujeres reciben en sí mismos la retribución debida a su extravío (Ro. 1:26-27). Después del pecado el hombre se separó de la naturaleza y la naturaleza de él. Al final de la creación todo era bueno en gran manera (Gn. 1:31), después de la caída la naturaleza podía hacer daño al hombre. En los días de Noé millones de persona murieron por un fenómeno climatológico; también un fuerte viento mató a los hijos de Job. El hombre al pecar y al querer ser como Dios, cosa que como criatura que es, es imposible de ser, ha perdido lo que sí podía ser. El instintito de los tigres, tiburones blancos, leones, lobos, víboras de cascabel, las tarántulas, escorpiones, y cientos de otros animales, al igual que las enfermedades, son parte de las consecuencias del pecado. Después de la caída el hombre sigue siendo hombre. El hombre pecó y perdió lo que poseía, pero lo que él era y lo que es, aun lo tiene. Él es imagen de Dios, por lo que tiene valor singular (Gn. 9:6). El hombre es testimonio de que Dios existe sin importar que clase de hombre sea. La peor separación que puede experimentar el hombre es la separación eterna de Dios. Esta es la consecuencia del hombre que muere en pecado. —

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