Es común escuchar opiniones diversas sobre el “comercio” y el mundo de los “negocios” tan comunes a los seres humanos, como contrarios e incompatibles con la espiritualidad, e incluso se han llegado a utilizar con un sentido peyorativo los términos “comerciante” y “negociante”.

Para aclarar cualquier duda o mala interpretación que pueda surgir al respecto, vale la pena realizar la siguiente aclaración:

La palabra “comercio” es definida por el Diccionario de la Real Academia Española como la “Negociación que se hace comprando y vendiendo o permutando géneros o mercancías”; actividad por la cual se obtiene una ganancia o provecho.

La actividad del comercio, el mundo de los negocios, junto con toda la economía y el ámbito financiero a nivel mundial, están bajo la supervisión de la Jerarquía Espiritual. Por esta razón, entre los discípulos de los maestros espirituales encontramos a grandes economistas, hombres de negocios y personalidades del mundo de las finanzas.

¿Cómo podríamos ocuparnos de manifestar en el plano físico terrenal la divina herencia de eterna perfección que nos ha legado nuestro padre celestial y vivir de acuerdo a los Principios Metafísicos Cuánticos Universales, si no pudiéramos cubrir las necesidades básicas de nuestro cuerpo físico, alimentándolo, vistiéndolo y dándole el refugio adecuado?

¿Cómo podríamos ocuparnos de desarrollarnos emocional, intelectual, y espiritualmente, y vivenciar el arte, la cultura, la ciencia, la filosofía, y la metafísica misma si no existiera la actividad comercial y al mundo de los negocios?

Prescindir de la actividad del comercio representaría volver, por lo menos, a la condición en que vivía el cavernícola.

Condenar a quienes desarrollan una actividad comercial es una hipocresía, a menos que uno se aísle del resto de los humanos y prescinda de la misma, en algún país o tierra en el cual no haya comercio.

Los más grandes Maestros que conoce la humanidad han tenido entre sus discípulos más cercanos a grandes hombres de negocios. En el caso de Gautama Buda, el más conocido fue Anathapindika, uno de los hombres más ricos de la India en su tiempo, quien le regalara al Buda el Parque de Jetavana, en Sravasti, por el cual pagó una cuantiosa fortuna en monedas de oro.

El Maestro Jesús contaba entre sus seguidores a José de Arimatea, Lázaro y Zaqueo, acaudalados comerciantes que ayudaban generosamente, hospedando y alimentando no solamente a su Maestro, sino a sus discípulos más cercanos, y ocupándose de sus necesidades materiales.

Ente los estudiantes de las enseñanzas metafísicas espirituales no puede haber ninguna confusión al respecto, puesto que el propio Maestro Saint Germáin, Avatar de la Era de Acuario, afirma que él fue durante cuatrocientos años un activo hombre de negocios.

Los Cristianos venden la Biblia, los Islámicos venden el Corán; los hinduistas venden el Baghavad Gita, los seguidores del Buddhadharma también venden los libros con las enseñanzas del Señor Gautama etc., y esto nadie lo critica.

 

Así como en muchas iglesias existe una santería, dentro o fuera del edificio, en la cual uno puede comprar biblias, libros de autores cristianos, rosarios, estatuillas o estampitas de santos, etc, en nuestras actividades de Metafísica solemos contar con una mesa en la que se expone el material de apoyo a las disertaciones dadas y el material en DVD, CD y láminas que contienen la Enseñanza Espiritual. ¿Acaso esto constituye una actividad comercial? Evidentemente sí. Pero esto no solamente se hace en Metafísica y se practica en el Catolicismo, lo mismo ocurre en el Buddhadharma, en el Hinduismo y en cualquier escuela espiritual y religión.

Para finalizar lo aquí expuesto, es importante recordar que el comercio es una actividad legal, practicada en todo el mundo, y regulada por las leyes y códigos de los diversos países. Entonces, por favor, que no se vuelvan a utilizar las palabras “comercio” y “negocio”, ni ningún término relacionado con ellas, con un sentido peyorativo, como si se tratara de algo ilícito y condenable, o como sinónimo de algo reñido con la espiritualidad.

Es totalmente lícito recuperar el dinero invertido en los medios necesarios para transmitir los conocimientos metafísicos espirituales como inclusive lo es, lograr cierta ganancia para poder continuar con tan noble tarea.

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