¿TIENES HECHA TU LISTA DE MIERDAS?

(Sí, está bien el título. No se trata de un error. Pero si te da asco la palabra mierda, no sigas leyendo porque se va a repetir muchas veces. Queda hecho el aviso)

En mi opinión, la Lista de Mierdas es una lista interesante de hacer que nunca hacemos. Se queda en el pensamiento, como ideas dispersas –y apestosas- a pesar de que nos suceden cosas y hacemos cosas que deberían aparecer en ella.

Sería muy conveniente cosificar todo aquello que mandaríamos a la mierda, que nos parece una mierda, que es una mierda, o las que tenemos que aguantar pero nos saben como la mierda…

Cosificar es convertir algo abstracto en una cosa concreta. Al verbalizarlas, o al escribirlas en un papel, todas esas cosas que nos provocan algún pensamiento relacionado con la mierda dejan de ser una idea etérea, algo difuso, una sensación sin corporeidad, para pasar a ser algo concreto.

Y es conveniente realizar esa lista, pero cuidando mucho de cuál es el objetivo.

Si nos quedamos en la parte negativa de la lista, resulta que eso que hemos escrito y que nos parecían unas pocas cosas y no muy importantes porque solamente nos afectaban en momentos esporádicos, al estar todas juntas son como una mierda gigante, como una montaña de mierda tan grande que es imposible ver la cima, como un aluvión de mierdas juntas en el que uno puede quedar sepultado, y acabará pareciéndonos que “La vida es una mierda” puede ser el título perfecto y merecido para la lista.

Pero no es esto lo que se pretende al hacer la lista. Lo que se pretende es tomar una consciencia real, innegable, clara, dolorosamente clara si es necesario, con una sinceridad que posiblemente nos hemos negado siempre, de cómo nos sentimos y cómo nos afecta el permitir que haya personas en nuestra vida que nos llenen de mierda, o haya situaciones que nos enmerden, o tengamos que aceptar y soportar ciertas cosas sin hacer nada positivo por enmendar el origen de esas mierdas, y que nos quedemos quietos, sufriéndolas y sin rebelarnos.

Lo positivo de la lista es que nos damos cuenta conscientemente de que lo que hasta entonces eran unas suposiciones, eran destellos que acababan desapareciendo dejando un regusto amargo –regusto a mierda-, eran unas reprimendas personales sin palabras, unas riñas sin decirnos clara y concretamente por qué, y eran unos momentos que soportábamos estoicamente sin pensar siquiera en la posibilidad de acabar con ello no permitiendo su repetición.

¡A la mierda toda la mierda!

¡No hay por qué soportarla!

¡No hay que soportar las mierdas que nos meten en la vida, las mierdas que nos regalan, las mierdas que son ajenas!

Este es un buen momento para enrabietarse y tomar una decisión cargada de argumentos para crear una línea, un muro, un foso, algo que nadie ha de franquear; un límite en el que empieza la dignidad personal que bajo ningún concepto ha de ser perjudicada.

Es un buen momento para decidir, con firmeza para que después sea constancia, que uno tiene derecho al respeto de los otros, a no ser pisado, a que no se aprovechen de un modo impune, a no consentir que nos hagan daño, a que se respeten nuestros principios y nuestra integridad moral y honorabilidad.

He comprobado que, en muchísimas ocasiones, en demasiadas ocasiones, las personas tienen que llegar hasta lo más duro y lo más profundo de la tragedia, hasta el dolor último y la humillación intolerable, hasta el sufrimiento más inhumano, a lo peor de lo peor, para que la rabia se convierta en una energía explosiva que sería bueno canalizarla bien, y en vez de usarla para castigarse o para tener arrebatos incontrolados y con un objetivo desacertado, sea usada en defensa de la dignidad personal, o sea, en defensa propia.

Cuando uno llega a esta situación no es de golpe ni es “porque sí”. El destino, o la Sabiduría Interior, ya le han avisado en numerosas ocasiones que no lo está haciendo bien, que está tolerando demasiado o callándose demasiado, o que no está tomando las medidas adecuadas… pero uno ha desoído esas voces de aviso.

No lo puedo confirmar ni demostrar pero, en mi opinión, lo que llamamos “el destino” –o puedes poner el nombre que tú quieras- a veces es lo suficientemente sabio como para saber qué es lo mejor para cada uno de nosotros, y si no hacemos por las buenas lo que nos propone, no le queda otro remedio que obligarnos a hacerlo “por las malas”, porque sabe que es bueno para nosotros a medio y a largo plazo.

Esto se puede evitar siendo muy conscientes de quiénes, cuándo, y cómo, están traspasando nuestros límites. Es entonces cuando hay que resolverlo, y de ese modo nos evitaremos llegar hasta la mierda más profunda, más desagradable y más auto-agresiva.

Mucha mierda en el texto. Si da asco, eso es lo que pretendía. Lo he hecho deliberadamente. Ahora hay que llevar ese asco a nuestra vida y verificar que el hecho de permitir que se nos acumulen tantas mierdas, casi siempre ajenas, hace que cuando nos damos cuenta de su importante realidad, nos dé asco. Así que… a deshacerse de todas.

Y te sugiero que no lo aplaces más.

Te dejo con tus reflexiones…

Francisco de Sales

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Respuestas a esta discusión

Me gusta el punto de vista, en la que tocas este tema. Muy bueno. Felicidades

es muy cierto todo lo que dices en tu articulo, en verdad muchas veces nos dejamos invadir o mejor dicho nos bañamos en la mierda que los demas dejan, somos nosotros los culpables porque somos los que decidimos que nos afecten sus ideas, sus temperamentos y sin querer nos afectamos mas de lo permitido. Es muy buen consejo dejar toda la mierda que nos estorba, suficiente con la nuestra, suficiente con la mierda que producimos como para cargar la de los demas.

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