¿TE SIENTES SATISFECHO CON TU VIDA?

En mi opinión, sería muy bonito y muy interesante que, al llegar el momento de acostarse, uno hiciera un balance de lo que ha sido ese día, y sería satisfactorio que encontrara que ha aportado algo a los otros y se ha aportado algo a sí mismo, y que eso le hiciera sentir la satisfacción de que ha sido un día útil, enriquecedor, o provechoso, desde el punto de vista personal o espiritual.

Para ello se requiere, lógicamente, vivir ese día con un propósito en la mente y en la actitud: el de llenar de contenido satisfactorio algunos o muchos de los minutos, ya que todos es casi imposible.

La vida se compone de momentos especiales, de otros momentos en los que no pasa algo que sea interesante, de momentos irrepetibles, de rutinas y obligaciones, de satisfacciones que nos vienen de fuera, de dudas, de miedos, de silencios…

A día de hoy me sigue pareciendo imposible alcanzar un estado casi de beatitud en que uno sea capaz de apreciar cada respiración, o cada una de las miles de cosas que se ven, o cada detalle de esos que se presentan como imperceptibles: o sea, la atención y plenitud en cada instante.

Pero sé que, con atención y entrenamiento, se pueden apreciar cada vez más cantidad de detalles y valorar más los matices, y sé que es la suma de todos ellos lo que aporta la agradable sensación de completitud y de estar apaciblemente pletórico.

No todos los momentos pueden ser mágicos, pero sí podemos hacer que nos parezcan mágicos.

A fin de cuentas, somos nosotros los administradores de las calificaciones y de los adjetivos –y quienes los adjudicamos de un modo atinado o injusto-, y somos los que podemos conseguir que una cosa pequeña pase desapercibida o convertirla en magnífica.

La vida, vivida de un modo consciente, o sea, siendo uno consciente de sus propias circunstancias y sus limitaciones, y siendo conocedor de que la interpretación de bastantes de las cosas que suceden en su vida depende exclusivamente de sí mismo, y de que casi todas las cosas desagradables se pueden modificar si uno pone la voluntad suficiente, y de que la vida es una sucesión de experiencias aportando enseñanzas en vez de ser una ristra de penalidades obra de un desconsiderado malintencionado, al ser uno sabedor de todo ello, puede reinterpretar su sensación, y puede escapar de su desilusión para construir una vida en la que los motivos de satisfacción sean más que las nubes negras.

Sería hermoso conseguir una vida agradable, o por lo menos comprendida, y llenarla de guirnaldas, de confeti, de música, y de buenas obras e intenciones, para que al final del día uno pueda hacer un resumen que sea positivo, y se duerma con el alma en paz y una sonrisa en la boca.

¿Me siento satisfecho con mi vida?

Mi apuesta es que el 99.99% va a decir que no (Y si eres del 0.01% restante, ¡¡FELICIDADES!!)

Es una pregunta incómoda, porque la respuesta nos crea una sensación perturbadora.

La tendencia es que sea auto-justificativa y resignada –es lo que hay… en fin… más o menos…-; o comparativa y exculpatoria –nadie está satisfecho del todo…-; o bien fatalista y obstinadamente pesimista –no estoy satisfecho de nada…-; tal vez conformista -solo a medias… en algunas cosas sí y en otras no…- o realista –estoy lo mejor que puedo dentro de mis posibilidades actuales-.

La respuesta sincera a esta pregunta es una buena toma de conciencia de la realidad personal actual.

La siguiente pregunta puede ser también incómoda: ¿Y qué estoy haciendo para sentirme más satisfecho?

Y las respuestas serán variopintas:

“No hago nada más… ¿para qué?”
Respuesta que lleva implícito un pesimismo y una rendición que son casi insalvables.

“Procuro ir mejorando poco a poco lo que puedo…”
Esta es más realista y esperanzadora, pero le falta energía y compromiso.

“A mi edad ya no puedo hacer otra cosa”
Error. Respuesta equivocada. Hasta el último día se pueden y se deben hacer cosas.

“Me conformo con ser como soy”
Ese conformismo mata cualquier posibilidad de mejorar.

“Estoy en el camino. Presto atención y me esfuerzo”
Esta es la más acertada. Contiene todos los elementos necesarios para poder llegar a un día en que se sienta satisfecho consigo mismo.

Es importante tener claro que posiblemente uno jamás llegue a sentirse plenamente satisfecho consigo. Porque siempre hay cosas en las que uno puede mejorar y existe un deseo innato de mejoramiento. Y porque la atención consciente a cómo es uno, le hace más autoexigente -afortunadamente- y le hace darse cuenta de cosas que a otros les pasan desapercibidas

Hay que asumir una cierta tolerancia a la frustración, admitir la imposibilidad de la perfección plena, y tener cuidado con los objetivos personales que aportarían esa satisfacción: puede que no se por lo conseguido económica o socialmente, pero sí por la persona que uno ha llegado a ser.

No hay que dejar que la pregunta quiera abarcar todos los ámbitos, sino los que uno se plantee como objetivo personal de su vida, ni que sea el ego quien pregunte -porque será difícil satisfacerle-, ni utilizar como vara de medir lo que la sociedad impone –ya que estaríamos tratando de satisfacer a los demás sin tenernos en cuenta a nosotros mismos-, ni pretender triunfar en todos los campos, ya que ese deseo puede frustrarnos y apagar el brillo de los méritos alcanzados en otros aspectos.

Es mejor no ser demasiado exigentes, porque nos lo estaremos poniendo muy difícil. Los objetivos a lograr en la vida han de ser, sobre todo, sinceros. Y personales. Repito: que el ego no se inmiscuya porque sus intereses no tienen siempre que ver con los nuestros.

Comprueba esto:

Si sientes paz cuando te miras en el espejo, y no te rehúyes…

Si pronuncias “yo” sentidamente y te quedas tranquilo…

Si eres capaz de sonreír cuando piensas en ti…

Si tienes la idea de que te gustas y te aprecias como eres…

O si tienes el concepto de ti de que eres una buena persona…

Estás muy cerca de sentirte del todo satisfecho con tu vida.

Te dejo con tus reflexiones.

Francisco de Sales

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