CUANDO TIENES QUE SER TU PADRE Y TU MADRE: LA REPARENTALIZACIÓN

En mi opinión, esta es una tarea que la inmensa mayoría de la humanidad tenemos pendientes de realizar.

En casi todos los casos –no en todos- nuestros padres pusieron su mejor voluntad y sus mejores deseos, y hasta un cierto cariño o bastante amor, pero… a pesar de eso, no hicieron bien su tarea de educarnos.

La educación correcta de un hijo es un asunto demasiado serio y responsable que no se puede resolver poniendo la mejor intención para hacerla bien. Son demasiadas cosas las que hay que trasmitir al hijo y los padres no están preparados en todas las materias como para hacerlo todo y siempre bien. Esta es la realidad.

Así que como padres nos equivocamos muchas veces. Algunos de esos errores los podremos solventar y no dejarán huella, pero otros… marcarán al hijo de por vida, les crearán traumas, miedos, inseguridades, sensaciones de desprotección, de falta de atención o amor, desconciertos, dudas…

Entonces, les dejaremos a ellos en herencia el trabajo de reparentalizarse, o sea: hacer bien la tarea que nosotros no supimos hacer correctamente. O sea que tendrás que hacer de tu padre y de tu madre, y hacer bien lo que los ambos no supieron hacer bien. Hacer contigo lo que te gustaría que hubiesen hecho contigo.

Y como no es posible volver a la infancia y explicarles a nuestros padres qué tenían que hacer, no te queda más remedio que afrontar tú solo esta tarea, y hacerla sin falta y sin demora. Y hacerla bien.

Tendrás que tratarte a ti mismo del modo afectuoso que no te trataron (si este es uno de tus problemas) y tendrás que ser contigo una madre protectora (si es que no la tuviste) o la abuela generosa, cariñosa, sonriente y cuidadosa (si no hubo una abuela así en tu vida) o el abuelo que te cuide y juegue contigo.

Este es un trabajo que puedes hacer de un modo consciente, en cada momento de tu vida (primero tienes que descubrir tus carencias para luego completarlas), estando constantemente atento a ti y cuidándote, o podrás hacerlo a través de la meditación contactando con el niño interior. (Te recomiendo que leas este artículo donde doy mi opinión acerca del modo de hacerlo: http://buscandome.es/index.php/topic,13914.msg16360.html#msg16360)

Es muy posible que haya hechos en nuestra infancia, o recientes, en los que no nos hemos sentido protegidos, consolados, aprobados o aceptados, que no hemos sentido el amor o la protección que necesitábamos. En esos casos alojamos un niño dolido, incomprendido, triste, resentido, y ese niño nos marca, nos condiciona, nos penaliza con su pesar, así que conviene que seamos nosotros quienes le demos lo que no le dieron. Llenemos los huecos. Consolemos al desesperado que llevamos dentro. Llenémosle del amor que reclama.

Es casi seguro que todos arrastramos algún dolor de la infancia. Y quien diga “yo no”, tal vez le conviene modificar su respuesta: “yo no lo recuerdo”, porque la mente, actuando como un mecanismo de defensa ante las cosas que nos hacen daño, es posible que haya conseguido olvidar el hecho, pero la influencia del hecho –que permanece en el inconsciente- no ha desaparecido y efectúa su pesarosa influencia.

Arrastramos desde la infancia los errores que nuestros padres cometieron al educarnos. Conviene ser comprensivos y no culparles sin más. Ellos, a su vez, es casi seguro que también fueron víctimas de sus padres, y que nos trataron como ellos fueron tratados.

Todos tenemos momentos agridulces en nuestra vida. Recuerdos maravillosos que se mezclan con momentos incomprendidos o dolorosos. Éramos niños y si no nos explicaban muy bien las cosas no las entendíamos. Y no nos las explicaban…

Tenemos que revisar las figuras que influenciaron en nuestra educación: padres, educadores, hermanos, tíos, abuelos, amigos, etc. Es posible que con todos tengamos algo pendiente de curar.

La buena noticia es que ahora mismo podemos ponernos a la tarea de reparentalizar –construirnos o reconstruirnos- y podemos sanar esos vacíos, o esos dolores postergados, abrazando y dando lo que demanden ese niño o esos niños interiores que se quedaron estancados con su problema pendiente de resolver.

Es una tarea que conviene realizarla con un terapeuta. Siempre es mejor. Pero si no es posible, hagámoslo lo mejor que podamos. Se trata de cuidarnos hoy y cuidar al niño que también seguimos siendo. Descubrir sus carencias, miedos, dudas, asuntos incomprendidos, vacíos, necesidades… y resolverlos ayudándole en su recuperación emocional.

Es el más bello ejemplo de Amor Propio que uno puede desarrollar: Amarse a uno mismo, amar al Uno Mismo, buscar nuestra completitud, darnos lo mejor y todo lo necesario, protegernos de cualquier agresión externa, cuidar a ese niño con el amor que se merece y que no recibió. Ser para nosotros el padre y la madre excelentes que nos hubiera gustado tener.

Te dejo con tus reflexiones…

Francisco de Sales

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