CREE A QUIEN CREA EN TI

En mi opinión, las personas que tienen una baja o nula autoestima tienen un hándicap contra el que tienen que lidiar, y es un enemigo potente y difícil porque le damos más poder del que realmente tiene.

La autoestima se sustenta sobre una idea, y no siempre sobre una realidad –que sería más atinado-, así que está por encima de la propia objetividad y manda sobre las buenas palabras que uno se puede llegar a decir… si éstas no van rebosantes de una firme creencia en ellas.

Quien tiene la autoestima baja duda de la veracidad de sus virtudes y cualidades, las minusvalora, las menosprecia, o directamente las niega. Queda, por tanto, imposibilitado para apreciarse con objetividad.

Y ya que uno no dispone de la imparcialidad, ni la ecuanimidad, ni la rectitud y honradez imprescindibles para juzgarse con justicia, no está nada mal empezar a confiar en las personas que creen en uno. Por supuesto, siempre y cuando lo que nos digan sea sincero y no solamente una mentira piadosa para reconfortarnos.

Tal vez ellos ven mejor lo que nosotros nos sabemos o no queremos o no podemos ver.

Si alguien cree sinceramente en nosotros es porque es capaz de ver lo que desde nuestra visión obtusa y distorsionada no somos capaces de captar.

Cuando alguien diga algo positivo –y sincero- acerca de nosotros, no hay que rechazarlo indiscriminadamente, no hay que recurrir a una posible humildad que tal vez esconda o suplante a nuestra falta de autoestima, no hay que descartarlo por sentirse indigno de tener ese o esos atributos.

Hay una frase de Karlfried Graf Dürckheim que me encanta y me parece muy clarificadora:

“LA VERDADERA HUMILDAD NO CONSISTE SÓLO EN NO QUERER PARECER MÁS DE LO QUE UNO ES. ES TAMBIÉN ACEPTAR SER MÁS DE LO QUE UNO PARECE SER. HAY UNA FALSA MODESTIA QUE ES, SENCILLAMENTE, MIEDO A LAS RESPONSABILIDADES”.

Uno es nada y la mayor grandeza al mismo tiempo. Uno es polvo y uno es el Todo dentro de su Universo Personal.

Si algunas condiciones le han llevado a uno a tener un concepto pobre de sí mismo, y por eso uno no es capaz de apreciarse por lo que es -aún dentro de sus limitaciones y circunstancias-, y si uno no se valora con equidad, con amor y respeto, entonces y hasta que llegue a ese convencimiento por sí y en sí mismo, le conviene escuchar y creer a quien cree en él.

No es el modo más correcto, pero es un buen camino por el que empezar a andar.

No dudes, no desconfíes de la franqueza de quien –sinceramente- te habla bien de ti. Tiene razón. Ve lo que tú, en este momento, no eres capaz de ver.

Dedícale tiempo a este asunto. Será una buena inversión.

Te dejo con tus reflexiones…

Francisco de Sales

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