APRENDER DE LAS EXPERIENCIAS

En mi opinión, todas las cosas que hemos sentido, o conocido, o presenciado, o vivido, nos han aportado una experiencia de la que no siempre hemos sabido extraer toda su enseñanza.

Muchas veces nos quedamos tan obstruidos por el dolor, tan inmovilizados por la rabia que provoca la incomprensión, o bien nos quedamos consolando al llorica y mimado ego, o lagrimeando en nuestra desproporcionada pataleta infantil, incluso negando lo evidente, que no prestamos la atención que requiere cada hecho que estamos viviendo.

Las situaciones que nos acontecen están para ser vividas y ser convertidas en las vivencias que nos aportarán una experiencia. En las situaciones desagradables, si no lo hacemos de ese modo estaremos padeciendo un sufrimiento inútil e innecesario, y estaremos perdiendo una oportunidad que nuestro destino tendrá que repetirnos más adelante para que –por fin- hagamos lo que tenemos que hacer. Doble sufrimiento…

Las experiencias son para aprender y no son –o no han de ser- un tormento gratuito.

No hay un Dios o un Creador o un azar que tengan la mala intención de poner situaciones en nuestra vida que sólo nos aporten dolor a cambio de nada.

Si observamos, si ponemos voluntad y apertura de miras, todos podemos sacar algo positivo de las cosas que aparentemente sólo aportan aflicción y desconsuelo. Preguntarse PORQUÉ, primero, y PARA QUÉ, después, nos ayudarán a extraer los aprendizajes.

La recomendación es evidente: aprende de la experiencia… y déjala que siga su camino hacia la extinción sin retenerla ni con el pensamiento ni con el dolor.

Vivir es –entre otras cosas- amoldarse a las circunstancias o aprovecharlas para lograr algo provechoso. O sea, aprender.

El mundo es un campo de experimentación, y la vida es el modo en que hacerlo.

Pregúntate… ¿Qué me hace sentirme más en paz? Tal vez respondas que las cosas que has aprendido y tu evolución personal. Uno se siente satisfecho con lo que aprende, con el poso que van dejando las cosas y van cimentando la personalidad. Y uno –casi siempre- olvida el precio que ha tenido que pagar por la lección porque, cuando se aprende bien, el precio puede ser lo de menos.

Si tenemos que aprender algo en esta vida, mejor que sea pronto, a la primera –y esto requiere toda nuestra colaboración y nada de negación u oposición-, para que no tengamos que repetirlo una y otra vez, ya que, por lo general, el modo de aprenderlas no siempre es agradable.

Que el miedo no te haga eludir o huir, que la pereza no te haga aplazar lo que debe ser inaplazable, que el Amor te ilumine al afrontar las experiencias dolorosas.

Tienes que sobrevivir y crecer. Tienes que preservarte para que nada te hunda. Tienes que enriquecerte con todos los acontecimientos.

No afrontes la vida con desconfianza, ni con temor, ni con pre-juicios.

VIVE la vida y sal indemne y fortalecido de todas las experiencias que te proponga.

Te dejo con tus reflexiones…

Francisco de Sales

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